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Ayudar a los bebés a dormir
Escrito por Rosa Jové el 15-02-2008 / Actualizado el 18-10-2009 / Lecturas 880


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El sueño infantil evoluciona con la edad y se adapta en cada momento a las necesidades del niño. Alterar este equilibrio no es bueno.

Imagen: Núria Parellada

El sueño es un proceso evolutivo que cambia en cada momento y, por otro lado, cada niño es único e irrepetible. Se ha de tener en cuenta su dinámica familiar: intentar que unos padres que llegan a las 21h. de trabajar tengan al niño a las 20.30 cenado y bañado, y a punto de irse a dormir, es abocarse al fracaso.

A pesar de que la atención individual es imprescindible, algunas técnicas son eficaces en casi todos los casos y son al mismo tiempo respetuosas con los niños:

* La mayor parte de recomendaciones son a partir de los 6 meses. De 0 a 6 meses, la alimentación del bebé es a demanda (tanto el pecho como el biberón) y es importante respetarlo. Si alterásemos el horario del niño, también alteraríamos la frecuencia de sus comidas.

* Tenemos que ser realistas con las horas que puede dormir nuestro hijo y los despertares que puede hacer: pensar que un bebé de 15 días puede dormir toda la noche o que no se despertará es perseguir una meta imposible.

* Se ha de observar y descubrir cuál es el horario más adecuado para nuestro hijo. Hemos de estar atentos a la hora en que necesita dormir y respetarla, sin avanzarla ni tampoco demorarla.

* Cuando sabemos la hora que le es más favorable, hemos de intentar seguirla de una forma continuada: la repetición y el ejemplo son dos fuentes de aprendizaje, pero nunca tendría que serlo el lloro.

* Cuando el niño o la niña esté instalado en su horario, se ha de procurar que vaya a dormir descansado (¡Nada de hacerlo cansar más durante el día para que duerma más por la noche!), favorecer que dormir sea un momento agradable (¡En compañía de los seres que ama!) y que el ambiente invite al descanso (ruidos reducidos, luminosidad baja, actividad en la casa casi nula...).

* Es importante controlar las siestas. En un niño de 7 meses es normal un par de cabezadas, mientras que a partir del año solo hay una, que desaparecerá hacia los 3-4 años. Adaptaremos el número de siestas a la edad del niño (intentar que haga dos siestas a partir del año, a veces, es difícil) pero sobretodo la duración: a partir de los 7 meses, las siestas no tendrían que sobrepasar las dos horas de duración, para que vaya ganando horas nocturnas de sueño frente a las diurnas.

Generalmente, siguiendo estas indicaciones de forma continuada durante 10 días podemos conseguir que nuestro hijo se duerma antes, se despierte menos de lo que lo hacía (o nada) y que incremente las horas nocturnas de sueño frente a las diurnas. Todo esto puede llevar a un mejor descanso para padres e hijos.

Si el proceso de dormir del niño o la niña no mejora, tendremos que plantearnos seriamente si puede tener una apnea o un poco de ansiedad infantil que pueda minimizar el efecto de estas técnicas. Si lo que pasa es que mejora, pero no hasta el punto que los padres querrían, se tendrá que estudiar más el caso concreto, sus fases de sueño y también la dinámica familiar.

Seamos realistas: evitemos metas imposibles de asumir, respetemos el horario de nuestro bebé, hagamos del dormir un momento agradable y adaptemos el número y la duración de las siestas.

En caso de querer o necesitar acelerar este proceso, algunas de las medidas descritas pueden ayudar a avanzar de manera bastante rápida. Pero se ha de tener en cuenta siempre que cada niño es único y que tenemos que mantener actitudes respetuosas hacia estas personas con los mismos derechos que los adultos.

¿Son buenos los "métodos de adiestramiento"?

Los métodos que proponen soluciones casi milagrosas para todos los niños, sin distinción (tipo método Estivill), y a base de no respetar su sufrimiento, pueden resultar peligrosos para los menores, porque el desarrollo correcto del sueño se adquiere con la edad y los cambios pueden alterarlo. Es posible que los niños adiestrados con estos métodos se despierten menos o duerman algunas horas más, pero... ¿es natural que lo hagan? ¿Qué problemas les puede acarrear un patrón de sueño artificial?

Le Doux [1] ha demostrado que el miedo deja una huella en nuestro cerebro emocional que no desaparece nunca (¿alguien puede creer que un bebé al cual se deja solo y a oscuras en la habitación para dormir, realmente no pasa miedo?). Como todos los humanos, se pueden comportar como si no tuvieran miedo, pero estas cicatrices emocionales en nuestro sistema límbico estarán siempre dispuestas a volver a aparecer en nuestras vidas cuando nuestro cerebro cognitivo pierda el control, dando alteraciones que van desde la ansiedad a la depresión, pasando por el estrés postraumático y otras alteraciones.

A menudo, esperar que vuestro hijo duerma por sí mismo puede parecer una eternidad. Pero no se trata de aguantar sin dormir, heroicamente, sin hacer nada, sino de saber y de entender que vuestro hijo no tiene la culpa de lo que pasa. Se puede intentar buscar soluciones respetuosas con los niños, entendiendo y aceptando sus necesidades. Hay maneras de mejorar y solucionar los problemas de sueño de vuestros hijos: si hace falta, se puede pedir asesoramiento profesional y, conjuntamente, optar por medidas que ayuden a toda la familia... y se ajusten a aquéllas que nuestro hijo o hija, si pudieran, habrían pedido.

Rosa Jové es psicopediatra i psicóloga. Es autora de Dormir sin lágrimas


Un poco de bibliografía sobre el sueño infantil:

- "Dormir sin lágrimas", por Rosa Jové. La esfera de los libros, 2006.

- "The No-Cry Sleep Solution: Gentle Ways to Help Your Baby Sleep Through the Night", d'Elizabeth Pantley. McGraw-Hill, 2002, Seattle (EUA).

- "Felices sueños", de Elisabeth Pantley. Editorial Actúa.

- "Bésame mucho", por Carlos González. Ediciones Temas de Hoy (2006).

[1] Le Doux, J.E. (1992) Brain mechanisms of emotions and emocional learning Current Opinion in Neurobiology, vol.2, pp.191-197

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